Nunca se le puede perder la cabeza a un toro.

Esta mañana me levanté y me puse a ver los encierros de San Fermín.

Es algo que me gustaría ver una vez en la vida, pero no correrlo, soy demasiado torpe que seguro tropezaría en el sitio en el momento que pasase el toro.

El toro bravo es un animal que me gusta, es fuerte, impone respeto, de pequeño pensaba que era un león con cuernos y que todo animal que tenía cuernos daba leche, cosas de niños de 4 y 5 años.

No sé si era por las sobras de la tarta del cumpleaños de mi abuela del día anterior, pero yo a los corredores los veía en mi mente como el fontanero, alicatador, carpintero, albañil,… y a los toros y mansos los veía el tiempo de ejecución de la obra.

Si nunca has visto un encierro de San Fermín, tiene mucha similitud con la vida diaria de las obras.

Al principio los toros/programación, tienen mucha distancia respecto a los corredores/profesionales, por la mitad del recorrido empiezan los empujones, unos por coger cabeza de toro y otros por evitar los tropiezos de los demás, el que ha podido coger cabeza de toro irá disfrutando de la adrenalina de haber hecho las cosas bien, los que se apartan no pueden seguir el ritmo y o bien se tropiezan con otros o son ellos los que provocan el tropiezo de los siguientes.

Cuando la programación de la obra llega a la puerta de la plaza de toros de Pamplona, sucede algo muy curioso y que los gurús del marketing lo llaman «el efecto embudo», yo prefiero llamarlo que todos no pueden pasar a la vez.

¿por qué todos no pueden pasar a la vez?

El ser humano es procastinador por naturaleza, no lo digo yo, hay estudios que contradicen ese gran refrán de «lo que puedas hacer hoy no lo dejes para mañana»

En el embudo final de la programación, están los que lo tienen peor, o te echas a un lado a riesgo de no saber donde ponerte porque afectarás a los que vengan por detrás, esperas a ponerte delante de la programación y llegas al final delante de ella, o eres de los que llevaban tiempo ganado a la programación y por razones paranormales tropiezas y provocas que el resto caiga encima de ti provocando que ambos entréis detrás de la programación.

¿A dónde quiero llegar a parte que el toro bravo es un magnífico animal?

Lo más importante de una obra es la planificación y que no se pisen los trabajos unos a otros, porque eso implicará retrasos en la ejecución y ya sabemos lo que ocurre cuando hay retrasos.

No quiero que me pille el toro.

Pd.: en el enlace de arriba podemos hablar de tus obras y de la programación clica si quieres, sino, no pasa nada no tiene permanencia.