Lo que una dependienta de El Corte Inglés, un legionario y un torturador de comerciales enseñan sobre los mejores profesionales y los más baratos para las obras de construcción.

Teníamos 15 años y como cada adolescente con las hormonas alteradas, estábamos deseando llegara el sábado para ir a Morgana.

Morgana, era por entonces la única discoteca de Salamanca que tenía 2 plantas y donde ponían música como llamábamos nosotros… motivable.

Habíamos adoptado el ritual de ir siempre a la misma hora, porque el dj nunca fallaba y nos ponía la banda sonora de BLADE, la película. A día de hoy, algún despistado la sigue poniendo y se me llena la mente de aquellos recuerdos y emociones.

Esa noche, como cada sábado, había quedado con mi amigo Neta, que soñaba con ser mecánico y acabó a los 20 metido en la legión. Y Tato, que se veía montando una tienda de ordenadores y acabó como uno de esos coordinadores de los call centers de Orange donde si estás más de 10 minutos con el cliente misteriosamente se corta la llamada.

Después de hacer cola, entramos en la sala y como las anteriores noches, puntualidad británica, sonó BLADE. Gente saltando, manos arriba, algunos bailaban con el baile del freno de mano,… ainsss recuerdos.

Aquella noche, se puso delante de mí una morena con un estado hormonal igual al nuestro, que se llamaba Paula, se notaba que sabía moverse en esos ambientes y siempre tenía una sonrisa, aunque a mí me llenó de calabazas que con el tiempo aprendí una valiosa lección que al final te contaré cual fue.

Lo primero que me dijo Paula después del saludo fue: «Si me vas a decir lo guapa que estoy, que lo darías todo por mí y que me regalarías la luna, ahórratelo«. Para nada Paula.

Sin saberlo, en mi mente de adolescente con las hormonas alteradas empezó a pasar por la cabeza mil fórmulas donde tenía que aparentar ser mejor de palabra y en lugar de centrarme en escucharla y ser natural hice lo contrario. Solo hablar de mí y de mí y de mí y de lo maravilloso que era.

¿Resultado?, eres muy majo, eres muy simpático y que metieras 2 goles está muy bien… pero te falta algo.

Paula acabó trabajando en la sección de bebés de El Corte Inglés de Salamanca, entre unas cosas y otras acabamos siendo amigos una temporada.

Aquella noche Paula me dejó la lección, que tanto ser el mejor, como ser el más barato, no son los profesionales adecuados si no lo demuestran antes. El mejor puede llegar a estar más preocupado de masajear su ego que se olvide que lo importante es sacar una obra adelante profesionalmente. Y el barato se olvide que reducir costes puede llegar provocar en deficiencias tanto en calidad como en la salud de su negocio.

Bien, Para la gente que no quiere tener sorpresas y que prefiere que sus obras sean hechos y no palabras, aquí:

ASESORÍA EN OBRA Y REFORMA