Lo que Miguel Indurain puede enseñar a un jefe de obra.

Ayer 13 de Julio se cumplieron 25 años del espectáculo que dio Miguel Indurain subiendo el Hautacam.

Si tienes curiosidad de saber de que te estoy hablando, aquí te dejo el vídeo de aquel día

He de reconocer que el ciclismo junto con la comida y la construcción son mis pasiones.

Aquel 13 de Julio de 1994, mi abuelo estaba como cada tarde viendo el Tour y yo aún tenía una bici con ruedines y un timbre roto de tanto usarlo.

A los pocos años de su retirada, cuando no existían móviles y mucho menos instagram, los amigos de mi urbanización jugábamos a imitarlo inventándonos pruebas por caminos, la misma urbanización o carreteras a que aquello era el Tour de Francia a nuestro estilo, fíjate si íbamos en serio que teníamos maillot amarillo y todo.

Aunque te parezca raro Indurain era un buen jefe de obra y te digo por qué.

Siempre tuvo un buen equipo que cada miembro sabía cual era su rol y no se pisaban entre ellos.

Él, marcaba el ritmo en la subida desde el comienzo, siempre con la misma intensidad, no hacía acelerones ni frenazos, sabía que su ritmo era el que reventaba cualquier pierna de ilustres del ciclismo como Zulle, Pantani,… que se lanzaban en los pies del puerto de montaña y acababan siendo cogidos por Indurain con su ritmo calcado.

Al igual que cada escalada, cada obra tiene un ritmo, ese ritmo lo da el conocimiento de la misma y el hábito de saber escuchar lo que cada profesional te ofrece en tu equipo.

Al igual que Indurain siempre marcaba el ritmo en cabeza, un jefe de obra tiene que marcar el ritmo por delante del pelotón.

Si vas por delante, evitarás sobresaltos, si vas en el vagón de cola, te coge el coche escoba y te deja fuera de carrera.

Los jefes de obra tienen que ir en la cabeza del pelotón

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