Final casi trágico a una historia de obras.

Hoy me levanté temprano para ir a spining o ciclo como lo llaman los puritanos.

Mi gimnasio lleva desde enero de reformas, aún van por el vestuario de chicos y les queda la zona musculación que empezarían a colocar el falso techo de paneles de cartón yeso sobre perfiles metálicos esta tarde.

Suelo ir por las tardes, pero a mí éso de tener un trabajador con un taladro, perfiles metálicos de 2.5m de largo moviéndose sin control, en un ambiente de yo y mis cascos, no los de seguridad, los que se ponen a las orejas, no me entusiasma, para desgracias ya tenemos la televisión.

Después de la ducha, en el parking, había un conductor nobel, poobre, queriendo aparcar. Mete primera un poco, gira el volante, vuelve a salir y colocarte porque la rueda trasera derecha pega en el bordillo, así varias veces hasta que sucedió lo inevitable, golpecito en el aleta derecha de su flamante coche híbrido, el coche no entraba en ese agujero.

Bien, este percance ajeno, me trajo a la memoria a Jacinto. Jacinto era un constructor que conocí en mis primeras obras que me dejaron visitar.

Si has visto el episodio de los simpson donde Homer asiste a una charla sobre como hacerse rico exprimiendo cada céntimo y se le mete debajo de la piel de tanto exprimirlo te haces una idea de como no hacerlo.

Jacinto tenía ese don, el de exprimir cada céntimo, tanto tanto tanto que a veces desaparece y se queda con un céntimo menos.

Esta obra, era un solar interior rodeado de edificios de 8 y 9 alturas al cual sólo se podía acceder por un pasaje para vehículos de pocas toneladas, de una de las calles y me centraré sólo en contarte la parte de la excavación.

Tenía 3 sótanos y espero siga teniendo, que se iba a ejecutar su vaciado una vez ejecutados los muros pantalla.

A Jacinto, le gustaba mucho estar en la obra. Él tenía prisa en vaciar, porque la maquinaria era alquilada por días y como ya sabes, día que la máquina esté excavando, día que hay que pagar.

El primer sótano, se vació sin contratiempos, pero a partir del segundo a Jacinto la rampa ya no le convencía.

Varias veces insinuó que en cuanto se viera el fondo, ya había que traer la maquinaria para empezar con las zapatas.

Jacinto, se olvidó que los terrenos forman taludes y éso hay que respetarlo porque es la naturaleza, es así, no hay que cuestionarla.

Su sueño de ver trabajando por fin encofradores en las zapatas estaba a un paso de hacerse esperar un poco más.

Pasó un camión y asentó un poco el terreno, pasó otro y un poquito más, así unos cuantos hasta que llegó el camión que pasó por donde no debía pasar y el terreno cedió.

Este contratiempo provocó un retraso de 3 horas, lo que se tardó en arreglar y hacer más ancha la rampa.

Te cuento ésto, porque Jacinto, al igual que el conductor nobel, fueron presa del demonio de las prisas y aprendieron la lección que las medidas son las que son y no las que queremos nosotros que sean.

El jefe de obra, sirve para ésto, a parte de rellenar comparativos y hacer llamadas de teléfono.

Sólo una cosa más aquí:

Me tomo las obras en serio.

PD. Atento a la siguiente semana, se viene una noticia interesante.